lunes, 27 de abril de 2015

Eutanasia: hacia una muerte digna!


¿Morir o vivir? ¿Seguir o parar?
Son estos dilemas de la vida, que en la actualidad han ganado gran auge en la sociedad, no solo en la sociedad medica si no en el mundo en general.
¿Pero que es la muerte? Es esta una gran pregunta sin respuesta alguna.
La muerte nos lleva, nos arrastra en su regocijo cuando quiere, sin nosotros poder evitarlo.
Siendo la muerte finalmente, inevitable. Todos los seres humanos somos mortales y, a partir de
Cierta edad, todos lo sabemos, aunque muchos prefieren ignorarlo.
Las personas vivimos frustradas, al saber que llegaría el día en que nuestro organismo pare, dejemos de respirar, nuestro corazón falle, o si bien algún accidente que nos lleve a la muerte.
Pero, ¿Cuál es la tarea del medico?
El concepto popular de que la función del médico se limita a “luchar contra la muerte”, aparte de no ser correcto, lo coloca en la incómoda posición de perdedor obligado, porque en última instancia la muerte siempre saldrá ganando.
Creemos que ir con un medico curara todos nuestros males, nos abrirá las puertas a la salud y evitara así la muerte. La realidad es que el medico nunca va a impedir la muerte, esta llegara tarde o temprano. 
En situaciones distintas, en las que vemos a una persona sufriendo por causas como enfermedades que sabemos que no tienen cura, es aquí donde entra el paradigma, porque es donde tiene auge la eutanasia.
‘Eutanasia’ es un término que ha tendido una carga emotiva de tipo negativo, paradójicamente proviene de las voces griegas eu (buena) y thánatos (muerte), esto es, hace alusión a una muerte buena o un bien morir.
A pesar de ello, este bien morir ha llegado a interpretarse y satanizarse como homicidio, tocando fibras muy sensibles para los puntos de vista religioso, moral y penal.

A lo largo de la historia, el acto médico ha sido siempre el mismo: un ser humano que solicita ayuda para resolver su problema médico y otro ser humano que acepta dársela y lo hace, con más o menos éxito. Los ambientes y las circunstancias en las que ocurre este acto médico han cambiado a través del tiempo, y en nuestra generación se han hecho tan complejos que la relación médico-paciente original se encuentra gravemente amenazada con transformarse en algo muy distinto. Pero, a pesar de la amenaza, todavía es válido decir que la esencia y la naturaleza de la medicina se definen en función de la relación médico-paciente.

DEFINICIÓN LEGAL Y MÉDICA DE MUERTE

Durante muchos años, el concepto médico de ‘muerte’ era el mismo que el del público en general, o sea, la suspensión permanente de las funciones cardiorrespiratorias; el miedo a ser enterrado vivo hizo que en el pasado el lapso considerado prudente para afirmar la irreversibilidad del proceso se prolongara hasta por 72 o más horas, antes de certificar la muerte.
En México, la Ley General de Salud (reformada el 26 de mayo de 2000) define la muerte de la manera siguiente:
Art. 344. La muerte cerebral se presenta cuando existen los siguientes signos:
-Pérdida permanente e irreversible de conciencia y de respuesta a estímulos sensoriales.
-Ausencia de automatismo respiratorio.
-Evidencia de daño irreversible del tallo cerebral, manifestado por arreflexia pupilar, ausencia de movimientos oculares en pruebas vestibulares y ausencia de respuesta a estímulos noniceptivos. Se deberá descartar que dichos signos sean producto de intoxicación aguda por narcóticos, sedantes, barbitúricos o sustancias neurotrópicas.

EL SUICIDIO ASISTIDO Y LA EUTANASIA

En términos generales se distinguen dos formas de eutanasia: la activa y la pasiva; el suicidio asistido es una variedad de la eutanasia activa.
La diferencia entre las dos formas estriba en que en la eutanasia activa el paciente terminal fallece como consecuencia directa de una acción intencionada del médico, mientras que en la eutanasia pasiva la muerte del enfermo se debe a la omisión o suspensión por el médico del uso de medidas que podrían prolongarle la vida (vide supra). Naturalmente, no es necesario ser médico para practicar eutanasia, pero con frecuencia el médico está involucrado en situaciones en las que debe hacer una decisión al respecto.
Desde el punto de vista de la ética médica, los pronunciamientos en contra de la eutanasia en nuestro medio son los más comunes. Dos ejemplos de ellos son los siguientes:

“Nuestra institución (un hospital privado) considera no ética la práctica de la eutanasia, bajo ninguna circunstancia o presión, solicitud del paciente, de la familia o allegados, ni aun en casos de enfermedad avanzada incapacitante total o en pacientes en extrema gravedad.”

“(El médico) invariablemente está comprometido a salvaguardar la vida y, por lo tanto, no le está permitido atentar contra ella. Favorecer una muerte digna implica ayudar al enfermo a sufrir lo menos posible; ofrecerle la mayor atención médica disponible; estar a su lado con un verdadero acompañamiento humano y espiritual y ayudarlo a encontrar un sentido plenamente humano a los sufrimientos que no se pueden evitar.”
Es falso que haya sufrimientos “que no se pueden evitar”. Ésa es precisamente la función del suicidio asistido y la eutanasia: evitarle al paciente terminal los sufrimientos inútiles que le impiden morir con dignidad, cuando la vida ya ha pasado a ser, para él, peor que la muerte.

Ocasionalmente, se señalan dos objeciones médicas racionales a la eutanasia:
 1) la solicitud de un paciente para que el médico termine con su vida puede ser el resultado de una depresión transitoria, que puede desaparecer cuando el enfermo mejora o se alivian su dolor y sus otras molestias.
 2) es muy difícil para el médico estar completamente seguro de que un enfermo en estado terminal no puede salir adelante, aunque sea por poco tiempo, en condiciones que le permitan disfrutar de sus seres queridos o actuar y hacer decisiones relacionadas con su propia vida y sus intereses.

En tales circunstancias, el médico puede hacer dos cosas: desatender los deseos del paciente y de sus familiares, y continuar intentando disminuir sus sufrimientos en contra de la voluntad expresa de ellos (pero quizá actuando de acuerdo con sus creencias, lo que no tiene nada que ver con la ética médica), o bien ayudar al enfermo a morir con dignidad (pero cometiendo un delito).

LA MUERTE-VIDA

Desde el punto de vista ético, la muerte debería ser considerada como parte integrante de la vida. Puesto que todo individuo tiene derecho a vivir con dignidad... también tiene el derecho de morir con dignidad... Para una ética humanista, la preocupación primaria del médico en los estadios terminales de una enfermedad incurable debería ser el alivio del sufrimiento.
Si el médico que atiende al enfermo rechaza tal actitud, debería llamarse a otro que se haga cargo del caso. La práctica de la eutanasia voluntaria humanitaria, pedida por el enfermo, mejorará la condición general de los seres humanos y, una vez que se establezcan las medidas de protección legal, animará a los hombres a actuar en ese sentido por bondad y en función de lo que es justo. Creemos que la sociedad no tiene ni interés ni necesidad verdaderos en hacer sobrevivir a un enfermo condenado en contra de su voluntad, y que el derecho a la eutanasia benéfica, mediante procedimientos adecuados de vigilancia, puede ser protegido de los abusos.

La discusión sobre la conveniencia de legalizar la muerte médicamente asistida está abierta en diferentes países. En muchos de ellos, las encuestas realizadas a la población indican que son mayoría los que están a favor de que se permita. Debería ser mucho más fácil respaldar legalmente esa voluntad, sobre todo si queda claro que la muerte asistida será una opción sólo para quienes la quieran. Ciertamente es muy difícil definir y decidir todos los aspectos que deben considerarse para que esta práctica se lleve a cabo de la mejor manera, pero quizá lo que mejor explica la resistencia al cambio es la influencia desproporcionada de grupos minoritarios que pretenden imponer sus creencias religiosas en las leyes que aplican a otros que no las comparten.

Independientemente de los aspectos legales y de las condiciones que se exigen para aplicar la eutanasia en los países donde ésta se permite, me parece que en los estados de inconciencia como el EVP y el estado mínimamente consciente no sería correcto calificar como matar a las acciones consecuentes de una decisión de eutanasia en cualquiera de sus formas, con o sin el documento de voluntades anticipadas. Yo calificaría estas acciones como muestras de respeto a la voluntad de los propios pacientes respecto del modo de terminar su vida en condiciones humanamente dignas, inclusive cuando esa voluntad no fue expresada por escrito o cuando hay dudas de lo que el paciente hubiera preferido.
Por encima, y como guía de las opciones de dejar vivir, dejar morir o producir la muerte, está el respetar la libertad de elegir y procurar el mayor beneficio o el menor maleficio para los pacientes en estados permanentes de inconciencia, quienes han perdido, sin posibilidad de recuperación, las cualidades cognoscitivas fundamentales que definen a las personas y, por lo tanto, les es completamente indiferente si viven o mueren.

En mi opinión declaro mi apoyo en la practica de la eutanasia, siempre y cuando este basado en motivos éticos (eutanasia benéfica).
 Creo que la reflexión de la conciencia ética ha llegado al punto que hace posible que las sociedades elaboren una política humana en relación con la muerte y el morir.
Ojala algún día se superen  los tabúes tradicionales y se mueva en la dirección de una visión compasiva hacia el sufrimiento innecesario en el proceso de la muerte...
Mantengo que es inmoral tolerar, aceptar e imponer sufrimientos innecesarios...

Creo en el valor y en la dignidad del individuo. Ello exige que sea tratado con respeto y, en consecuencia, que sea libre para decidir sobre su propia muerte... Ninguna moral racional puede prohibir categóricamente la terminación de la vida si ha sido ensombrecida por una enfermedad horrible para la que son inútiles todos los remedios y medidas disponibles... Es cruel y bárbaro exigir que una persona sea mantenida en vida en contra de su voluntad, rehusándole la liberación que desea, cuando su vida ha perdido toda dignidad, belleza, sentido y perspectiva de porvenir. El sufrimiento inútil es un mal que debería evitarse en las sociedades civilizadas...

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