Gaceta
Médica de México.
Ética y salud. Retos y reflexiones
Introducción
México es
un país en proceso de cambio. A los conocidos conceptos de transición
demográfica y epidemiológica, con sus manifestaciones claves: el envejecimiento
poblacional y el recambio de las enfermedades infecciosas por las crónicas, se
ha agregado uno más referido a los factores de riesgo. Es por esto que día a
día cobran importancia creciente factores como el tabaquismo, la obesidad, la
vida sedentaria o el consumo de sustancias adictivas. Otro tipo de transición
es la social y política que se manifiesta en una mayor democratización, en una
creciente participación ciudadana y en la cada vez mayor exigencia en materia
de rendición de cuentas.
No hay
duda de que las condiciones de salud de la población mexicana han mejorado
durante las últimas décadas. Uno de los indicadores que más ha cambiado es la
esperanza de vida al nacimiento, que ha pasado de 42 años en 1940 a 75 en el
2000. Sin embargo aún persisten importantes desigualdades en materia de salud y
de atención médica. Por su parte, el sistema de salud mexicano ha evolucionado
hasta convertirse en un conjunto de instituciones con problemas de articulación
y sin posibilidades de ofrecer una cobertura universal. También es claro que
este sistema, sin una importante reestructuración en el financiamiento de sus
servicios, continuará siendo incompleto, inequitativo e ineficiente.1
Es por
todo esto que a pesar de los logros alcanzados, las lagunas y carencias en
materia de salud son todavía amplias, y resultan especialmente evidentes cuando
se realizan comparaciones entre grupos de población y áreas geográficas. En
este contexto general deben entenderse y analizarse los conceptos, argumentos y
desafíos que en torno a la ética y la salud se plantearán en las páginas
siguientes.
Algunos
conceptos
En la
literatura referente al tema de la ética en salud, con frecuencia se encuentra
la utilización, casi como sinónimos, de ética médica, bioética y deontología
médica. En cambio en los escritos especializados se analizan los fundamentos
para distinguircada término. Sin embargo en la práctica como en esta
presentación tomamos la licencia de incorporar lo general de los tres conceptos
como equivalentes, en la medida en la que todos ellos ofrecen un marco para la
búsqueda del bien de los pacientes, sean estos individuos o comunidades. No
obstante, se plantean las definiciones comúnmente aceptadas.
Ética
La ética
es la ciencia que estudia la moral del hombre en sociedad. Se trata de una
ciencia práctica o normativa pero también de una ciencia teórica. Está
constituida por una serie de reglas de conducta que señalan una obligación, un deberser.
Esta vertiente del pensamiento ético se denomina ética deontológica y se
diferencia de la mera deontología en que ésta última no establece una reflexión
sobre las obligaciones y deberes morales, sino solamente los presenta como
códigos a cumplir.
La ética
es normativa porque estudia las normas morales cuya naturaleza es eminentemente
práctica, y además proporciona los elementos de reflexión que la fundamentan.
Sin embargo, no se ocupa de prescribir normas para distinguir los hechos justos
de los que no lo son, sino que se esfuerza en contestar preguntas más generales
y fundamentales como ¿qué es lo que califica a una acción como buena o mala,
como justa o injusta? Por otra parte, debe distinguirse entre el moralista que
prescribe, crea normas y recomienda un modo de vida que cree justo y bueno, del
ético, que tomando como base la moral históricamente determinada, se encarga de
analizarla y explicarla.
Más allá
se encuentra lo que pudiera denominarse una ética filosófica, en la que priva
la reflexión encaminada a identificar y definir aspectos de carácter general,
universal de ser posible, con los que se puede predicar su validez en lapsos
prolongados y en culturas diversas.
La
profesión médica por largo tiempo se ha afiliado a una serie de afirmaciones
éticas, desarrolladas para el beneficio de los pacientes. Esos principios
adoptados por la profesión médica en todos los países definen lo fundamental de
la práctica médica honorable. Al hablar de ética nos referimos a la reflexión
filosófica sobre cuestiones relacionadas con la moral, entendida, según los
usos y costumbres de una colectividad como lo bueno o lo malo, es decir, una
serie de situaciones sancionadas de esa forma en alguna sociedad y tiempo
concretos.
Simultáneamente
con el nacimiento de la filosofía moral o ética, debido a Sócrates, un
contemporáneo suyo, Hipócrates, iniciaba la reflexión de los médicos con
respecto al bien de los enfermos y establecía, en textos como el Juramento y la
Ley, algunos de los deberes que, desde entonces, la profesión médica ha hecho
suyos. Dichos fines que la medicina ha reconocido como propios son: aliviar y
de ser posible, curar las enfermedades y cuidar por el bienestar físico, mental
y aun espiritual de los enfermos.
Para
conseguir sus fines, la medicina ha seguido entre otros, mecanismos como los
siguientes: el estudio de la enfermedad, de las formas y recursos de que se
dispone para tratarla; el análisis de la dinámica psíquica del ser humano, en
especial del individuo enfermo; el respeto a la manera de ser de todos y cada
uno de los enfermos, incluidos los elementos que provienen de su cultura, de
sus experiencias personales y de su condición particular en el momento en que
se le atiende, para, a partir de ellos, precisar como se puede beneficiar.
Esto conlleva
un inmenso respeto por la vida, la que constituye un valor inapreciable e
insustituible, pero también representa la necesidad de reconocer la dignidad
para vivirla y la práctica de valores morales alrededor de esta premisa. En el
momento actual, los grandes avances de la ciencia y la tecnología médicas nos
obligan a plantearsi el sólo aumento de la cantidad de años de vida es un
beneficio per ser, en contraste con la posibilidad de que no sea
concebible esto sin una calidad mínima razonable para seguir viviendo. Se
vuelve con ello a los conceptos de dignidad y de centralidad de lo humano, para
definir los límites individuales de lo razonablemente vivible.
Para
comprender el significado de lo ético, lo primero que hace falta es entender
que la finalidad de la vida humana no estriba sólo en continuar viviendo. Si la
vida fuese un fin en sí mismo, si careciese de un "para qué", no
tendría sentido. Así se comprende la exhortación del poeta latino Juvenal:
"Considera el mayor crimen preferir la supervivencia al decoro y, por
salvar la vida, perder aquello que le da sentido".
Cuando el
hombre piensa a fondo en sí mismo, se da cuenta de que con vivir no tiene
suficiente. Necesita vivir de una determinada manera, no de cualquiera. Dicho
de otra forma, vivir es necesario pero no suficiente. De ahí que surja la
pregunta ¿para qué vivir? (la cuestión del sentido) y, en función de ello,
¿cómo vivir?
Bioética
Aún está
vigente el concepto de: "Estudio sistemático de la conducta humana en el
ámbito de las ciencias de la vida y de la salud, analizadas a la luz de los
valores y principios morales".
A los dos
grandes principios de la ética hipocrática, el de hacertodo por el bien del
enfermo (beneficencia) y el de no dañarlo (no maleficencia), expresado éste
último en el aforismo quedice priman non nocere(p rimero nodañar), se
han sumado recientemente otros. Estose debe, en parte a que los desarrollos en
el pensamiento médico y la filosofía, en particular después de 1970, han dado
nacimiento a lo que ahora se conoce como bioética. Esto es la ética aplicada a
los problemas de la vida que han sido suscitados por los grandes cambios
científicos y tecnológicos. Entre los filósofos estadounidenses de la medicina,
en particular Beauchamp y Childers se desarrolló a principio de la década del
ochenta, una teoría de cuatro principios en la que se sumaron la autonomía del
individuo y la justicia, a los dos originados en el pensamiento hipocrático que
ya fueron referidos.
La
bioética se diferencia de la ética médica en que ésta última se refiere
exclusivamente a la búsqueda del bien en los seres humanos enfermos y de
aquellos en quienes se intenta promover la salud, mientras la bioética abordatodos
los problemas inherentes a la vida, aunque debe reconocerse que la mayoría de
los hasta ahora planteados, son médicos o propios de la investigación
biomédica.
Deontología
En su
acepción más habitual, el término deontología suele usarse para designarla
"moral profesional", situándola así como una "moral
especializada", aunque debe subrayarse el hecho de que también
frecuentemente se limita a la expresión y exigencia de normas precisas de
conducta. Es conveniente señalar que, ante todo, la deontología es un capítulo
de la ética general, concretamente el campo de los deberes. Por su parte, los
deberes profesionales son sólo un segmento de los deberes en general.
Lo que en
primer término destaca en toda profesión y lo que le confiere su peculiar
dignidad como trabajo ejercido por individuos, es el servicio a la persona, lo
que implica tanto al beneficiario de la prestación, como al trabajador mismo e
incluso a la sociedad. Se entiende que las profesiones, cada vez más
especializadas, han de garantizar la calidad en la prestación del servicio
correspondiente. Para ejercer ese control de calidad, se han establecido
colegios de profesionales que elaboran códigos de buena práctica profesional.
Para
ponerlo en términos más claros y directos, conviene señalar que la deontología
profesional es, según nos recuerda el Dr. Ignacio Chávez, la ciencia de nuestros
deberes, la norma de nuestra conducta en tanto médicos. Al mismo tiempo nos
señaló que no es algo inamovible, permanente o que tenga vigencia por sí sólo y
menos para siempre.17
De la
misma forma nos hizo notar que hay principios fundamentales que son, ellos si,
parte inseparable de la moral médica de toda la historia. No matar, no dañar al
enfermo, procurar la salud de las personas, respetar la confianza y el cuerpo
de los pacientes son, desde la antigüedad y hasta nuestros días, principios
éticos ampliamente aceptados. Sin embargo, también existen aspectos secundarios
que han variado con el tiempo y con las culturas. La aceptación de las
disecciones, la investigación en pacientes, el manejo de la información médica
o el papel del paciente y de sus familiares en la toma de decisiones, son sólo
algunos ejemplos.
Etica y
medicina
No se puede
hablarde un sistema de atención a la salud sin que vengan a la mente ideas
relacionadas con su compromiso moral. En un muy amplio sentido, la atención a
la salud lleva implícita la búsqueda del bien para seres humanos, sean
individuos sanos o enfermos, sean grupos aquejados de algún problema o a los
que se trata de evitarlo al realizar acciones preventivas.
Algunos
consideran que los problemas de la genética y la genómica no son médicos. A
pesar de lo discutible del punto, se puede sostenerque en esencia sí lo son,
particularmente por los alcances de las posibles consecuencias de la aplicación
de estos conocimientos. La preocupación central de la medicina y, por supuesto
la del médico, es el bien de los pacientes y la responsabilidad moral que su
búsqueda implica. En este sentido, la mayor parte de la problemática moral y de
la reflexión ética que suscita, se dan alrededor de la relación médico–paciente.
La suma de
la autonomía del paciente como concepto básico, permite modificarla posición
tradicional del médico, paternalista, para buscaruna corresponsabilidad en
latoma de decisiones, misma que lleva en sí la ventaja de que los puntos de
vista del paciente y su familia entran en juego. Las decisiones no pueden ser
solamente técnicas. Involucran múltiples factores que dependen de las
características y condiciones de todo ser humano, de cada caso médico en
particular. Por ello, tomar en cuenta opiniones, saberes e inquietudes del
paciente y su familia, en el caso en que esto sea factible, permitirá disponer
de una mayor y mejor posibilidad de hacer las cosas de forma conveniente.
Por otra
parte, la dimensión actual de la salud pública trae consigo otros problemas
morales: se debe tener en cuenta la responsabilidad de la sociedad y del Estado
en la búsqueda de la salud de sus miembros. Junto a este compromiso
poblacional, también se debe considerar la necesidad de hacerlo con la
intención de alcanzar condiciones de justicia social, en lasque la distribución
de los recursos para la salud sea accesible a todos, además de equitativa. En
este sentido, los asuntos económicos, de costo–beneficio, de eficiencia y
eficacia de las medidas terapéuticas y preventivas toman un papel
preponderante.
También es
necesario considerarque la actitud moral del médico y su capacidad de reflexión
ética, son principios básicos para que alguien sea considerado como un buen
médico. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, por supuesto eso no basta, se
requiere otro aspecto, el conocimiento adecuado, actualizado y pertinente para
el contexto en el que desarrolle su actividad profesional.
La primera
y fundamental obligación moral del médico tiene que ver con el conocimiento,
con la capacidad, con el manejo de los procesos diagnósticos y de los esquemas
terapéuticos más indicados, en una palabra, con su preparación. En ese sentido,
se debe entender que esta es una responsabilidad que requiere de la
actualización continua y sistemática del médico. No basta con haber sabido, con
haberse formado en la escuela o en la residencia con un nivel adecuado. Privar
a un paciente de una posibilidad terapéutica conveniente es algo inadmisible.
Actuar por omisión o por comisión es absolutamente rechazable.
Esto tiene
que ver con todas las etapas del quehacer médico, con la prevención, con la
fase diagnóstica, con la etapa de la instalación del tratamiento, con el
seguimiento de los enfermos, con el manejo del dolor o de la fase terminal de
la vida de un individuo, con el consejoa los pacientes y sus familiares, con
todo el quehacer médico y no sólo con la terapéutica.
Se
complica hoy más que nunca por la velocidad con que cambia el conocimiento, por
los increíbles intereses económicosque hacen que, con soltura y cinismo, se
hable de la industria de lasalud, del mercado médicoy de la salud. La sentencia
de Chávez seguirá vigente por mucho tiempo. "Nunca sabrá el médico lo
bastante, ni menos estará en posibilidad de dar siempre el mejor
servicio". Su conciencia será su juez. Frente a sí deberá estar,
constantemente, la frase de Louis Portes, que le define su situación y le
sintetiza su deber: "una confianza frente a una conciencia".
Junto a
los deberes individuales también se presentan los de orden familiar y cada vez
más los de orden social, colectivo o poblacional. Esto tiene numerosas
implicaciones. Por una parte, debemos reconocer que los asuntos de un paciente
son muy importantes pero no los únicos. También están presentes los asuntos de
otros enfermos, los asuntos de los otros, los de los demás. Al prolongar la
agonía se deben tener en cuenta los aspectos económicos de la familia, las
implicaciones en sufrimiento, en horas de angustia, la disrrupción familiar que
necesariamente se originan.
También
debe considerarse algo sobre lo que se ha escrito y meditado poco: el hecho de
que hay una serie de deberes morales que tienen que ver con lo general, con lo
intangible, con lo anónimo, con lo potencial, como opuesto a lo individual o
particular, a lo concreto, lo personal, a lo real. En estas dimensiones se
mueven, por una parte, el tomador de decisiones, el planificador o
administrador de los servicios, el responsable de diseñar las políticas
públicas y, por la otra, el médico clínico, el responsable de dar una consulta,
de decidir y practicar una intervención quirúrgica, el que se enfrenta en la
trinchera a los problemas que cotidianamente le plantean sus pacientes.
Aún más,
hay por lo menos otras dos situaciones sobre las que se debe reflexionar: en
primer lugar la realidad originada por el hecho de que los problemas que
enfrenta o las facilidades de que dispone el clínico, con frecuencia derivan de
las determinaciones y acciones que toma el administrador. La segunda, la
realidad de que muchos de los asuntos que se ven en el nivel superior, son
analizados por profesiones con ética y formación diferentes a las del médico:
la de los administradores, los economistas o los abogados por sólo poner
algunos ejemplos.
Retos
fundamentales sobre ética y salud
Merced a
su vinculación con lasalud, la ética ha transitado del terreno especulativo, al
campo de las decisiones en salud y ha adquirido un carácter fáctico indudable.
Ante el cambio vertiginoso nos preguntamos ¿cómo preservary acrecentar en el
trabajo del médico su sentido humano? El éxito en la tarea depende de superar
tres retos fundamentales.
El reto de
la superación del reduccionismo
El primer
reto es el desarrollo de un pensamiento complejo y la superación del
reduccionismo. Preguntas como la validez de la clonación con fines
terapéuticos, o si la ingeniería de tejidos a partir de células madre es
correcta, o cuáles pueden ser las repercusiones de la terapia génica sobre la
sociedad del futuro deben contemplar, indispensablemente, a la ética. No
obstante, ésta por si misma no puede abordar exitosamente estos problemas. Para
establecer posibles respuestas es indispensable abordar por lo menos cuatro
ejes distintivos en el problema.
Primero,
el sustento biomédico, esdecir la comprensión de los mecanismos y procesos
biológicos involucrados en el hecho real o potencial. Así, el apremio para
discutirsobre la clonación proviene de la existencia de la técnica biológica
capaz de hacerla posible. Segundo, el contexto social, esto es, se trata de un
hecho biológico que reta a la sociedad y que debe analizarse integralmente en
el contexto económico, sociológico, político y psicológico que prevalecen en la
colectividad. Tercero, la ética propiamente dicha, en este sentido se debe
verificar lo correcto o incorrecto de las acciones, con la intención de
preservarla esencia humana. Por último, se deben considerar los derechos
humanos y los aspectos jurídicos involucrados en el problema.
Así por
ejemplo, el aborto es un hecho real o potencial porque existen los recursos
quirúrgicos o farmacológicos para inducirlo. Es un hecho social que en buena
parte depende de condiciones económicas como la miseria, o la escolaridad y el
acceso a los servicios de salud reproductiva. Tener un hijo fuera de matrimonio
puede ser considerado un estigma y ello puede ejercer una presión considerable
para que algunas mujeres aborten. Las creencias religiosas pueden asimismo
influir en la decisión.
También
podemos abordar el problema desde el punto de vista filosófico y preguntarnos
¿cuándo se inicia la existencia de la persona humana y si ésta principia con la
concepción o posteriormente? De la misma forma, convendría establecersi el
embrión humano es una persona, si su eventual destrucción afecta a la especie
humana y nos aleja del bien. Por otra parte nos puede interesar saber si el
embarazo es resultado de una violación, o si el producto presenta malformaciones
genéticas graves. Finalmente, debemos evaluar si al impedir o favorecer el
aborto violentamos los derechos humanos de alguien y valorar la legalidad o
ilegalidad jurídica del acto.
En suma,
la relación de la ética con la salud se construye sobre la base de un enfoque
multidisciplinario que posee al menos cuatro grandes ejes: el biomédico, el
social, el filosófico y el relacionado con el derecho. Quien obvia un análisis
riguroso y es incapazde mirarla complejidad de los problemas éticos, adoptando
un enfoque reduccionista, terminará por cometer graves errores.
El reto de
la incertidumbre
Casi todos
los libros de ética hablan de la necesidad de hacer el bien y evitar hacer el
mal. Nadie puede estar en desacuerdo con unas y otras afirmaciones. El problema
surge cuando comparamos nuestros propósitos con los resultados. La conexión
entre lo que queremos y lo que en verdad ocurre, se relaciona con nuestra
capacidad para predecir el resultado de nuestras acciones.
En
septiembre del año 2002 dos investigadores franceses trabajando en el Hospital Neckerde
París, informaron que porsegunda ocasión un paciente sometido previamente a
terapia génica para resolver un caso de inmunodeficiencia severa ligada al
cromosoma X, desarrolló leucemia de células "I". Ello condujo
a que en los Estados Unidos de Norteamérica se suspendieran tres ensayos
clínicos al respecto y se dictaminaran requisitos adicionales antes de aprobar
dicho estudios.
En este
caso apreciamos que, pese al propósito de hacer el bien que animaba a los
investigadores, sus acciones desencadenaron un cuadro de leucemia y no fueron
capaces de anticipar el resultado de sus actos. En salud prácticamente no existe
la unicausalidad y en cambio tenemos una múltiple determinación de los
fenómenos. Además, los sistemas biológicos y de salud presentan verdaderos
saltos cuánticos y respuestas no lineales, que dificultan la capacidad de
predecir el resultado de las acciones e intervenciones que se ejecutan. Negarla
incertidumbre y tratara los sistemas biológicos y sociales como si fueran un mecanismode
relojería totalmente transparente y predecible, nos da una falsa certeza y lo
que es más grave, puede conducirá la acción irreflexiva.
El reto de
la equidad
Con
frecuencia se piensa que la aplicación de la ética a la salud se restringe a
estudiar temas considerados de frontera: la terapia génica, la clonación, la
reproducción asistida, el encarnizamiento terapéutico. No obstante, existe un
reto general que se encuentra por encima de todos ellos y que frecuentemente ignoramos.
Imaginemosque merced a la terapia génica se puede curar el asma,sinembargo, no
basta con ello. Queda un reto inmenso que consiste en haceraccesible este
avance terapéutico a todos los que lo requieren.
Es posible
que existan el conocimiento y la tecnología para resolver un problema de salud,
es decirque la técnica esté disponible, pero que sólo sea accesible a una
minoría de la población. La falta de accesibilidad puede deberse a los altos
costos, al hecho de que los médicos tratantes desconozcan esta opción
terapéutica, o bien, porque los pacientesde baja escolaridad ignoran
susderechosy cómo ejercerlos.
Aún más,
la existencia de este tipo de problemas éticos no requiere de tecnología de
punta para presentarse. Así, la decisión de asignar un ventilador mecánico
único, a alguno de dos pacientes que lo requieren, constituye un dilema ético
para aquel que ha de tomar la decisión. Estas decisiones cotidianas, que
implican dar una oportunidad a unos por encima de otros, son más frecuentes en
países con carencia de recursos.
Este punto
cobra mayor relevancia en la era del libre mercado, porque se considera que una
mano invisible se encargará del bien común, al margen de las decisiones. En
sentido estricto, lo contrario es lo cierto, sólo mediante una intervención
conciente y deliberada se pueden abatir las asimetrías, porque la equidad se
alcanza cuando se da más a los que menos tienen, en un acto de elemental
justicia.24,25 Desafortunadamente hoy vemos lo contrario porque, por
ejemplo, mediante el seguro popular se busca cobrar los servicios de salud a
los que menos tienen, para darles a cambio acceso a aquello a lo que ya tenían
derecho.
Conclusiones
A 25 años,
la declaración de Alma Ata nos trae la frescura de la más firme resolución para
esforzarnos en la lucha por un sistema eficiente y efectivo de "Salud para
Todos". Recordemos parte de ese pronunciamiento: "La salud es un
derecho humano fundamental, y el logro del grado más alto posible de salud es
un objetivo social sumamente importante en todo el mundo, cuya realización
exige la intervención de muchos otros sectores sociales y económicos, además
del de la salud. La grave desigualdad existente en el estado de salud de la
población es, política, social y económicamente, inaceptable y, por tanto, motivo
de preocupación común para todos los países. El pueblo tiene el derecho y el
deber de participar individual y colectivamente en la planificación y
aplicación de su atención de salud".
En efecto,
esta declaración buscó significar la denuncia de la grave desigualdad que se ha
registrado en la atención a la salud, sobre todo a partir del desarrollo
científico y tecnológico de las ciencias médicas durante el siglo pasado. Esto
es tan evidente, y su impacto en la calidad de vida de los pobres tan atroz, que
tal descuido o negligencia debe verse como un crimen de ética social.
Es
razonable que ante esta situación de injusticia, se espere que las profesiones
médicas y sociales participen en la corrección de las políticas públicas que se
deben modernizar. Al mismo tiempo, para que los médicos, enfermeras,
epidemiólogos, administradores, economistas de la salud y demás profesionales
vinculados al campo sanitario puedan cumplir cabalmente con este compromiso, se
ve la necesidad de involucrara las universidades y centros de educación
superior, en el fortalecimiento de los programas de aprendizaje que capaciten a
los estudiantes a identificar el fenómeno, sus determinantes y a desarrollarlas
destrezas para diseñar, promover e implantar los cambios necesarios.
En abundancia
a los principios de Alma Ata, en 1986 se hizo pública la declaración de Ottawa
para la promoción de la salud, en la que se define a ésta como el proceso de
capacitar a las personas para mejorar y aumentar el control sobre su salud.
Como parte
de este enfoque, la salud es vista como un recurso para la vida diaria, no el
objetivo de vivir. La salud se interpreta así como un concepto positivo que
enfatiza los recursos sociales y personales, al igual que las capacidades
físicas. Por ello, la promoción de la salud no es únicamente responsabilidad
del sector salud, sino que va más allá de los estilos de vida saludables. Las
condiciones y recursos fundamentales para la salud, son entonces, entre otros,
la paz, la educación, la alimentación, el ingreso económico, la ecología
estable, la vivienda, la justicia social y la equidad. La buena salud es un
recurso fundamental para el desarrollo personal y una dimensión importante de
la calidad de vida.
Finalmente,
conviene señalarque para tener una visión equilibrada y capaz de impulsar las
transformaciones que el sistema de salud demanda, deberemos estimular el
desarrollo del pensamiento complejo, considerarla incertidumbre y favorecer la
equidad. Es imprescindible tomar en cuenta estas tres dimensiones, para construir
un saber capaz de impulsar el cambio que fortalezca nuestra esencia como
profesionales de la salud, al tiempo que nos permita recuperar la verdadera
dimensión de lo humano.
Oscar Hernández.
INUMEDH.
Mayo 2015.
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