La ética y
la crisis de la salud en México
RESUMEN
El
objetivo del trabajo es analizar la crisis de la salud en México a partir de un
concepto de Ética en la época clásica, surgido de una dicotomía entre las ideas
de "vivir correctamente" y "vivir virtuosamente". Se
demuestra que esta dicotomía ha continuado y se ha profundizado en el sistema
capitalista, y que a su vez ha adquirido la lógica del capital inherente a este
período histórico de globalización neoliberal, cuestión esta no solo inherente
a México, sino a otros países de la Región y del mundo.
Palabras
clave: ética, salud,
sistema, globalización neoliberal.
INTRODUCCIÓN
México es
un país de una gran extensión territorial, con aproximadamente 113 millones de
habitantes, que posee grandes recursos naturales, pero que sin embargo, al
igual que otros países de la Región, la salud se encuentra en una grave crisis.
El
análisis de la Crisis de la Salud en México la realizo a partir de un concepto
de Ética en la época clásica, surgido de una dicotomía entre las ideas de
"vivir correctamente" y "vivir virtuosamente" que en
primera instancia parecerían ser idénticas, pero no lo son. Se expone pues la
idea de que "vivir correctamente" implica vivir según las reglas del
sistema, es decir, es una forma de actuar impuesta sistemáticamente, mientras
que la segunda "vivir virtuosamente" implica vivir según principios
morales que toman en cuenta el bienestar de otros, del "otro". Esta
dicotomía ha continuado en las distintas épocas y se ha profundizado en el
sistema capitalista adquiriendo la lógica del capital inherente de cada período
histórico hasta la globalización neoliberal de este momento.
Para esta
aproximación con vistas a entender esta crisis, y para que sirva de acicate a
otros investigadores de México y de América Latina con similares situaciones en
sus respectivos países, he dividido metodológicamente el trabajo tomando como
base la situación de mi país
EL MÉXICO
POSREVOLUCIONARIO
Algunos de
los principales logros en el México posrevolucionario que se obtuvieron como
resultado de la lucha revolucionaria, fue la creación de instituciones de
seguridad social y apoyo a la población; desde educación pública, hasta
sistemas de salud gratuita que han sido primordiales en la protección del
bienestar del pueblo mexicano. La figura de Lázaro Cárdenas del Río,
y de otros revolucionarios como Ignacio García Tellez, fueron de
trascendental importancia para la instrumentación del nacimiento y desarrollo
de instituciones como el Instituto Mexicano del Saguro Social (IMSS), el
Instituto de Seguridad Social de los trabajadaores del Estado (ISSTE),
Petroleos de México(PEMEX) y otras, el auge en la educación en general y en
particular la educación médica, que a su vez se tradujo en resultados reales en
incremento en expectativas y calidad de vida en todo el país. Esto en cuanto a
la salud se refiere claro está, porque en materia de educación también los
logros fueron inmensos y para muestra tenemos la creación del Instituto
Politécnico Nacional (IPN), la autonomía universitaria y la modernización de la
universidad, la creación de las normales rurales de excelencia, entre otras,
pero nuestro tema es la salud. Esta era la época del México posrevolucionario
con fuertes influencias socialistas, donde la ética del estado estaba
firmemente plantada en lograr la prosperidad de la población.
Desafortunadamente
ese período duró poco y no llegó a consolidarse por completo, y con la guerra
fría comenzó a su vez el lento desmantelamiento de todas estas instituciones y
tendencias de inspiración izquierdista. Hoy en día lo que nos queda de esa
época dorada de logros sociales es muy poco y cada vez es menos, pues se
obsertva la clara tendencia a su desaparición o más bien, a su aniquilamiento,
con la tendencia a desplazar la responsabilidad del estado hacia la iniciativa
privada, con la consecuencia lógica de cambio de valores y objetivos.
Esto sin
duda ha sido un largo proceso de degradación que ha incluido una transformación
incluso de la ética de la salud misma, y que ha ido aparejada con los cambios
del sistema económico y como consecuencia de dichos cambios; cambios que han
venido sucediendo desde ese tiempo posrevolucionario hasta la fecha y que
explican la razón por la cual la ética de la salud en México ya no está basada
en la búsqueda de ese bienestar general para la población, sino es más bien una
ética sistémica basada en la lógica del capitalismo que todo lo transforma en
mercancía, la lógica del capital que solo busca maximizar ganancias y todo esto
lo hace a costa de restar la seguridad de la población; o sea, corrompe por
completo el fin por el cual se crearon esas instituciones en su origen.
Se trata
entonces de una ética distinta, la ética del capital que todo lo daña en aras
de la máxima plusvalía , y que ha desplazado y está aniquilando la ética social
que en algún momento existió en el país, y que lejos de seguir evolucionando a
estados superiores de beneficio social, se ha perdido casi por completo.
SITUACIÓN
DE LA SALUD EN EL SECTOR PÚBLICO EN MÉXICO
Existe en
el país servicios médicos aparentemente para toda la población, pero eso en
realidad es una falacia pues la población ha aumentado en forma no
correspondida con la infraestructura hospitalaria y tiene actualmente
sobresaturación de pacientes en todas las instituciones existentes, desabastecimiento
de material médico, medicamentos y todo tipo de necesidades, para brindar una
buena atención médica. El trato médico paciente es pésimo y degradante, debido
a la misma sobresaturación abrumadora de trabajo para una cantidad cada vez más
reducida de personal, es totalmente impersonal y hasta denigrante, derivado de
las pésimas condiciones del entorno general anímico y clínico.
A su vez,
encontramos que a todos los niveles existe falta de equipos y de medicamentos,
lo que se traduce en pacientes que a pesar de llegar a alcanzar diagnósticos
correctos, no logran tener el tratamiento apropiado, sino meramente aquel que
se les puede proveer bajo las condiciones mínimas existentes.
Todo lo
anterior refleja la lógica de la plusvalía, donde se busca cumplir con la
obligación de proveer el servicio social que "justifique" la
existencia de la institución o del estado como meta, pero exprimiendo los
recursos al máximo como consecuencia de eso.
Esta es
una expresión más de la ética capitalista en la salud contemporánea: los
sistemas de salud estatales no están ahí para proveer bienestar, sino más bien
para justificar la legitimidad del Estado y a su vez, causar el menor drenaje
posible de recursos.
SITUACIÓN
DE LA SALUD EN EL SECTOR PRIVADO EN MÉXICO1
Para comprender
de forma correcta la manera en la cual la salud se concibe en la época
neoliberal, es útil regresar a una época anterior, inclusive al advenimiento
del concepto de los Derechos Humanos durante la Ilustración. Desde ese entonces
la idea de que los seres humanos somos iguales y por lo tanto tenemos los
mismos derechos, y de que existen derechos fundamentales incluyendo los más
básicos como son a la vida y a la salud, son principios incuestionables.
Podemos así concluir que a partir de ese momento se concibieron estos derechos
humanos como la base de toda ética.
Sin
embargo, con los avances del capitalismo, en especial a finales del siglo 20, y
con el surgimiento del capitalismo neoliberal, la salud se convierte ya no en
un derecho humano básico, sino en un bien a comercializar; y es así que se
descubre a la salud como una industria, que es tal vez una de las más ricas que
existen pues nos vende algo que absolutamente todos los seres humanos
necesitamos. Así es como de pronto, el hecho de que todos los seres humanos
seamos iguales significa más bien que todos somos potenciales consumidores del
mismo producto, y de toda la parafernalia necesaria para obtenerlo en su forma
ideal.
Y hablo de
forma ideal pues en cuanto surge esta diferenciación, también emerge una
distinción de consumidores. Como con cualquier otro bien a la venta, la
población ya no adquiere la salud que necesita, sino la salud que tiene
capacidad de adquirir a la compra. Y en este espacio se crea un espectro muy
amplio: desde los sectores más pobres que solo son capaces de adquirir los
tratamientos básicos, hasta los sectores económicamente pudientes, los que
inclusive adquieren lo que podemos llamar salud de élite, que sin duda redefine
el concepto de necesidad.
Este punto
es crítico para entender la salud en el neoliberalismo: la desaparición del
concepto de necesidad. Basado en una ética sistémica capitalista, la salud como
necesidad deja de existir. Solo existe un producto a vender al mejor postor.
Los sectores de bajos recursos, al no tener capacidad adquisitiva, no son
necesarios para el sistema, y por lo tanto se les puede ofrecer una salud
mínima, ya que su supervivencia o calidad de vida no entra en la ecuación. Por
el otro lado, a los sectores de alta capacidad adquisitiva se les puede
redefinir el concepto de salud a incluir todo tipo de nuevos conceptos, desde
estéticos, hasta nuevas enfermedades, "sensaciones de bienestar" que
van mucho más allá de cualquier concepto de necesidad.
Ante esta
perspectiva no sorprende que tanto empresas transnacionales como el gran
capital privado vean en esta «industria» una oportunidad de negocio
inmejorable. A final de cuentas, qué puede ser mejor que venderle a la gente un
producto intangible, inclusive invisible, pero que todos "necesitamos".
Surge entonces toda una cadena de producción creada para obtener mayores
ganancias de la venta de la salud.
En primer
lugar, los hospitales privados comienzan a operar con una lógica similar al de
la hotelería, en la que en lugar de buscar la sanación del paciente, se intenta
que el mismo consuma lo más posible durante su estancia, a pesar de ser esta
involuntaria. Se reemplazan materiales fácilmente esterilizables por materiales
desechables, se adquieren equipos ultraavanzados cuya utilidad es muchas veces
cuestionable (al menos considerando el costo abrumador que significan para el
paciente), y se les impone una serie de comodidades que no son más que costos
agregados y mayores plusvalías, que sin duda no repercute en nada o poco en la
curación del enfermo.
Una
segunda etapa la representan las industrias farmacéuticas internacionales que,
en su afán por obtener las mayores ganancias posibles de sus productos, se
esfuerzan con todo tipo de artimañas legales, en limitar la libre circulación
de sus productos, por lo que pueden venderlos a precios estratosféricos. El
resultado es que inclusive se crean distinciones de clase basadas en el tipo de
medicamentos que alguien puede adquirir, y los de uso más crítico son
económicamente prohibitivos para la población en general. No es lo mismo ser de
la clase social que puede consumir medicamentos de marca, que quienes consumen
genéricos, y peor aún, similares. Algunos no tienen acceso ni a estos, pues
simplemente no existen para el mercado, y por ende para el sistema. A su vez,
cabe mencionar que en el proceso de investigación de estas empresas, es común
tanto la invención de nuevas enfermedades, que a su vez crean una demanda por
nuevos productos farmacéuticos, como el hecho de que tales productos tengan que
ser probados en poblaciones humanas, y que las de nuestros países sean de las
favoritas para esto dadas las regulaciones excesivamente laxas de las
autoridades locales. En este aspecto la salud "pública" tiene la
población adecuada para que se experimente en ella precisamente…, dejando los
resultados ya al alcance de las poblaciones económicamente más privilegiadas.
Un tercer
paso en la cadena de privatización de la salud lo cubren los Seguros de Gastos
Médicos, que venden un paso más allá en la alienación de la salud: ellos ya no
venden servicios médicos, sino la posibilidad de acceder a la salud en caso de
necesitarla. Sin embargo, bajo la misma lógica de la plusvalía, y de la ética
de obtener el mayor beneficio al menor costo, sus operaciones se basan en pagar
lo menos posible en casos de ser necesitados, a la vez que a la más mínima
excusa suben los costos de sus tasas y otros y se valen de cualquier artimaña
para lograr su objetivo principal que es siempre su propia plusvalía y nunca la
salud del paciente.
Esto nos lleva
a la última etapa de la práctica médica privada en el neoliberalismo: la
relación médico paciente. Considerando que el médico es el intermediario
natural entre el paciente y las industrias médicas antes descritas, es él mismo
quien se convierte en el eje de la industria en su totalidad. En otras
palabras, es el médico quien se convierte en el vendedor directo del producto
salud que estas industrias ofrecen de forma tan ventajosa. Por lo mismo, es el
médico quien se encuentra en el centro del dilema moral de qué productos
ofrecer y cómo a los potenciales compradores. Pero no simplifiquemos el asunto,
pues para el mismo médico no es una decisión simplemente moral sino también de
supervivencia en donde se le coloca entre la espada y la pared y generalmente
ni siquiera se percata del asunto debido a que el grado de alienación de la
mayoría de los galenos ya a estas alturas es total , y ahí salta otra vez más
la ideología del sistema capitalista neoliberal en un círculo vicioso de causa
efecto.
Considerando
que la práctica de la medicina social, que era común y hasta bien remunerada
hace apenas unas décadas, hoy en día provee salarios verdaderamente miserables,
los médicos están obligados a refugiarse en la medicina privada para poder
obtener una subsistencia apropiada. Pero como las reglas económicas del juego
en ese espacio las escriben las industrias, el médico acaba teniendo que
negociar entre su juramento hipocrático, y la posición de vendedor de pócimas
neoliberales.
EL CUERPO
EN EL NEOLIBERALISMO2
Como habrá
quedado ya claro anteriormente, una de las grandes estrategias para poder
comercializar la salud en el capitalismo avanzado es su redefinición. Retomando
a Marx, e inclusive a Darwin, somos lo que hacemos para
subsistir. En ese sentido, no debería existir relación más orgánica o natural
que entre nosotros y nuestros cuerpos. La materialidad que nos permite producir
y reproducirnos es la esencia básica de nuestra identidad, y sin embargo no es
así. Creemos en existencias más allá del cuerpo que nos definen
trascendentemente, y que nos inoculan de las dificultades y limitaciones del
mismo.
Pero estas
definiciones no surgen de nuestras experiencias personales, ni siquiera de las
que compartimos con otros en el proceso de socialización. Estas definiciones
nos son impuestas por un sistema que necesita equiparar al cuerpo humano con
una maquinaria industrial, para así poder someterlo a las mismas leyes
económicas con las que rige el resto de su lógica.
Es de esta
forma que en el momento en que una mujer se embaraza su cuerpo deja a ser de
ella para pasar al control del aparato médico, y por lo mismo, el bebé deja de
ser un humano en potencia para convertirse en "el producto."
Es así
como la lógica del capitalismo se va inyectando a lo más íntimo de nuestro ser,
nuestro cuerpo, y al reescribirlo, reescribe también nuestra identidad.
Perdemos la unidad natural con nuestro cuerpo para convertirnos en sujetos
ajenos a esta maquinaria carnosa. Sujetos que no solo no la controlan, sino que
somos víctimas de sus deficiencias, sean estas impulsos, instintos, fallas,
deterioro, y eventualmente su muerte (que por esta trágica unión se convierte
en la nuestra).
Mi cuerpo
y yo somos otros, somos distintos. Es de esta forma que el cuerpo entra en
venta, y puede ser analizado, subdividido y comercializado. Se crean nuevos
mercados donde se comercializan los instintos sexuales, pero también las
dolencias, e inclusive su forma estética.
Pero el
estar atrapado dentro de esta maquinaria no solo significa que estamos sujetos
a la lógica del mercado para lograr nuestra subsistencia, sino que estamos ante
la constante amenaza de que, como cualquier otro aparato de nuestra propiedad,
se descomponga sin que entendamos el porqué.
Palabras
como infarto, tumor, derrame, son signos misteriosos que nos recuerdan que esta
máquina, más que mantenernos con vida, puede fallar en cualquier momento y
acabarnos. Caminamos dentro de una bomba de tiempo. La diferencia entre este
futuro incierto y aterrador, y la estabilidad, aunque sea momentánea, es uno de
los bienes más preciados: la salud.
Pero si la
salud es entre otras cosas también la ausencia de enfermedad, es decir, estamos
sanos cuando nuestro cuerpo funciona correctamente, y como no entendemos lo que
significa el correcto funcionamiento del cuerpo, entonces la salud nos es un
signo igualmente indescifrable.
Es esta
incertidumbre que nos lleva a adquirir "la salud" en cualquiera que
sea el paquete en que nos sea vendida. Ya sea un yogurt con bífidos, un cereal
con fibra extra, una pastilla que reduce el colesterol, un anillo que nos
limpia el aura, un alineador de chacras, o las flores de Bach, la salud es algo
que sabemos que necesitamos, aun si no sabemos cómo funciona. Es el mítico
tónico, la piedra filosofal, el grial sagrado, es ese bien que, de ser nuestro
dará sentido a toda nuestra existencia. Es por ello que la sabiduría popular
nos dice que si tienes salud, todo lo demás es secundario.
Es así
como caemos en una de las grandes ironías de esta lógica perversa, vendemos
nuestro cuerpo y su labor para obtener, principalmente, algo que nos asegure
que este mismo cuerpo siga funcionando.
¿Pero
quién es ese gran dador al que le vendemos nuestro caparazón fibroso a cambio
de unos momentos más de funcionamiento? Es el mercado todopoderoso. Es a este
Dios a quien rendimos tributo para que nos regale unos días o años más con los
cuales producirle aún más riquezas. En otro revés irónico, también aquellos que
obtienen plusvalía al de vender el producto salud, lo hacen también para
alimentar las necesidades y urgencias de sus propios cuerpos descontrolados, es
decir enfermos.
El único
que no sufre de enfermedades es el mercado.
LA ÉTICA
EN EL CAPITALISMO AVANZADO
Para que
un tumor crezca o se malignice se requiere que una serie de mutaciones sucedan
al interior de la célula. Lo mismo podemos decir a nivel social en términos
marxistas: "dentro de los principios de la dialéctica, todo sistema acaba
encontrando su fin por la reproducción de sus contradicciones internas."
En este
sentido la ética es como el ADN. Es la base recombinante sobre la cual la
lógica de todo el sistema se construye. Es la fuente básica de legitimidad. Sin
embargo, en el caso de la salud observamos que el capitalismo lleva a una ética
que se voltea contra sí misma como una mutación contra la propia célula.
La ética
capitalista en la salud, que privilegia las ganancias por encima del bienestar
social, y que por lo mismo acaba extrayendo las últimas gotas de plusvalía a
cambio de la calidad de vida y supervivencia de la población, se acaba
convirtiendo en un arma pasiva de destrucción masiva.
Con la
polarización social derivada del capitalismo en esta etapa, y más aún a escala
mundial, que es el complemento natural de la globalización neoliberal, cada vez
son menos los que tienen acceso a la Salud con S mayúscula, y más los
que simplemente no pueden más que observarla como un bien inalcanzable. Este
mismo proceso lleva a una sociedad donde la enfermedad y la muerte se
conviertan en situaciones cada vez más cotidianas, a pesar de los avances
tecnológicos y científicos que supuestamente la sociedad ha desarrollado
justamente para evitarlas. Irónicamente, al acabar exprimiendo las ganancias en
el proceso de la salud, el sistema capitalista acaba literalmente matando de
enfermedad a sus potenciales consumidores, los pacientes, y de hambre a sus
trabajadores, los médicos, y entonces lentamente se sofoca a sí mismo.
Ante este
catastrófico panorama actual se levanta como un faro en el horizonte la ética
socialista, antagónica a la ética del gran capital y cuyo reconocimiento del
derecho del "otro" nos vuelve a colocar en un plano de vida y no de
muerte y con esto quizás podremos salvar al ser humano de la catástrofe que lo
lleve a su desaparición sobre este planeta o incluso a la desaparición del
planeta mismo.
Edward
Said,3 describe que en los procesos imperialistas la categoría
del "otro" se crea como una forma de crear un reflejo negativo con el
cual justificar la colonización. Pero si entendemos que el otro no es un ser
exótico, salvaje, raro, extraño, a quién debemos normalizar o inclusive
"curar" sino simplemente un ser humano expresando su diversidad
cultural, debemos entender que es nuestra obligación el defender su derecho a
vivir de manera saludable, es decir, con el mayor bienestar posible según su
propia definición.
En ese
sentido es útil recordar la idea del hombre nuevo del Che Guevara:
Mientras
existamos dentro de las condiciones objetivas y productivas del capitalismo,
estaremos atados a su ética, y a su lógica destructiva. En cuanto logremos ir
transformando las condiciones que nos impone el sistema, estas irán alterando
nuestras condiciones subjetivas, nuestra moral, hasta que la idea misma de una
ética capitalista, de una salud capitalista, parezca un arcaicismo absurdo.4
El deterioro
del ecosistema mundial es evidente, al igual que el deterioro de la
"ética", de la moral en este sistema capitalista neoliberal que
vivimos y que ya repercute de manera seria y muy peligrosa en la impartición de
la salud en la comunidad humana.
El empeoramiento
de los principales indicadores de salud, el deterioro del nivel de vida, el
acortamiento de la esperanza de vida promedio, el aumento de las enfermedades y
muertes evitables, en particular en la infancia; la profunda desigualdad en la
atención de la salud en las distintas clases sociales, la corrupción moral
galopante de los galenos y demás trabajadores se la salud, la potencial
capacidad de destrucción del ser humano, todo esto y más, constituye una
muestra abigarrada de indiferencia, desidia, desigualdad, injusticia, miseria y
muerte, que inexorablemente acompaña a la política neoliberal y que abarca sin
duda alguna a "la salud" de tal forma que solo tiene derecho a tener
salud y a poder vivir sanamente el que tiene suficiente dinero para costearla,
como mercancía, el resto de la población se puede morir sin que esto a nadie le
importe ni le incomode... ...Esta es la "ética" de la salud en este
capitalismo neoliberal que vivimos.
Conclusiones:
Como hemos
podido constatar a través de este documento sabemos que gran parte de la
problemática actual en cuestión de crisis sanitarias en México, la población ha
crecido de manera desproporcional con los servicios de infraestructura
hospitalaria o para la atención a la población, aunado esto la situación en la
que se dan cada uno de los servicios (y como se hacen llegar) a cada uno de los
individuos. Se ha hecho un análisis por algunas de las etapas marcadas y de
influencia común en nuestro país. Desigualdad y otros factores contribuyentes a
este fenómeno son la situación actual en nuestra entidad.
Oscar Hernández.
INUMEDH.
Mayo 2015.
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